A 50 años de su asesinato, un documental recupera la historia de Isauro Arancibia, maestro rural, dirigente sindical tucumano y uno de los fundadores de CTERA. El silencio que quedó reconstruye, a través de testimonios familiares, la vida, la militancia y el compromiso de Isauro y su hermano Arturo, asesinados en la madrugada del 24 de marzo de 1976.
La historia de Isauro Francisco Arancibia está profundamente ligada a la historia de la educación pública, del movimiento sindical docente y de las luchas sociales de Tucumán. Maestro rural desde muy joven, dirigente de la Agremiación Tucumana de Educadores Provinciales (ATEP) y protagonista de la construcción de la organización sindical docente a nivel nacional, Arancibia fue asesinado junto a su hermano Arturo en la madrugada del 24 de marzo de 1976, en las primeras horas del golpe de Estado que dio inicio a la última dictadura cívico-militar argentina.
A cinco décadas de aquellos hechos, su figura continúa siendo recuperada como símbolo de la defensa de la educación pública, la organización de los trabajadores y el compromiso con una sociedad más justa. CTERA lo reconoce como uno de los fundadores de la organización y como el primer dirigente sindical docente asesinado por la dictadura. (Ctera)
En este marco se presenta en la Representación del Gobierno de Tucumán en Bs As, la Casa de Tucumán, el documental El silencio que quedó, una producción que busca reconstruir la historia de los hermanos Arancibia y mantener viva una memoria que forma parte de la historia política, educativa y cultural de Tucumán.
Un maestro que hizo de la educación una herramienta de transformación
Isauro Arancibia nació en Monteros el 25 de marzo de 1926. Su trayectoria comenzó como maestro de grado en una escuela rural y continuó en distintos establecimientos educativos de Tucumán. Desde muy joven, la docencia estuvo vinculada para él con una preocupación más amplia: las condiciones de vida de los trabajadores y el derecho a una educación pública digna. (Wikipedia)
Su compromiso lo llevó a participar activamente en ATEP, organización de la que llegó a ser secretario general. Desde allí tuvo un papel destacado en las luchas docentes y en la defensa de los derechos laborales del sector. Su accionar sindical se vinculó, entre otros temas, con las luchas por el Estatuto del Docente y por mejores condiciones para los trabajadores de la educación. (Argentina)
Pero su militancia no se limitó al ámbito educativo. Arancibia entendía que las luchas de los docentes formaban parte de un movimiento social más amplio. Por eso impulsó la unidad con otros sectores de trabajadores y, especialmente, con la Federación Obrera Tucumana de la Industria Azucarera (FOTIA), en un momento de fuerte organización y movilización de los trabajadores tucumanos. (Ctera)
Esta mirada sobre la organización colectiva fue fundamental para su participación en el proceso que culminó con la creación de la Confederación de Trabajadores de la Educación de la República Argentina (CTERA), fundada en 1973. Arancibia integró su primera Junta Ejecutiva Nacional como secretario general adjunto. (Mediateca CTERA)
Educación, trabajo y compromiso social
La figura de Isauro permite recuperar una concepción de la docencia que excede las paredes de la escuela. Su trayectoria estuvo atravesada por la defensa de la educación pública, pero también por la convicción de que la escuela y los trabajadores podían participar activamente en la transformación de la realidad.
Su compromiso con los sectores trabajadores de Tucumán lo llevó a involucrarse en distintas luchas sociales y en la defensa de los derechos humanos. En 1975 participó de la conformación de una Comisión de Derechos Humanos que posteriormente se vincularía con la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos. Para entonces ya había recibido amenazas y era señalado como un dirigente peligroso por sectores vinculados a la represión. (Ctera)
La documentación histórica de CTERA recupera a Arancibia como parte de una generación de trabajadores de la educación que entendía la organización sindical también como una herramienta pedagógica, política y social. Su legado quedó asociado a la defensa de una escuela pública democrática y comprometida con su comunidad. (Ctera)
El asesinato de Isauro y Arturo
La noche del 24 de marzo de 1976, mientras comenzaba el golpe de Estado, un grupo de tareas integrado por efectivos policiales y civiles irrumpió en el local de ATEP de San Miguel de Tucumán, donde Isauro vivía junto a su hermano Arturo.
Ambos fueron asesinados allí. El crimen de los hermanos Arancibia quedó inscripto entre los primeros hechos represivos de la dictadura y constituye uno de los casos emblemáticos de la persecución contra los trabajadores organizados y, particularmente, contra el movimiento docente.
La investigación judicial sobre sus asesinatos se extendió durante décadas. CTERA se presentó como querellante en la causa y sostuvo desde entonces el reclamo de memoria, verdad y justicia. (Ctera)
En 2026, a 50 años de los asesinatos, comenzó finalmente el juicio oral y público por los crímenes de Isauro y Arturo Arancibia, un proceso largamente reclamado por la familia, organizaciones sindicales y organismos de derechos humanos. (Ctera)
El silencio que quedó: recuperar una historia
En este contexto, el documental El silencio que quedó propone volver sobre la historia de los hermanos Arancibia desde una perspectiva íntima. A lo largo de sus 20 minutos, la película reúne testimonios de familiares directos y reconstruye aspectos de sus vidas, su militancia y el trágico final ocurrido en 1976.
La obra fue ideada por la Biblioteca Popular Isauro y Arturo Arancibia y por la docente y concejal Rosana “Bonny” Chabán, con dirección de Marcelo Cristaldo Manzur, cámara de Luis Salum y acompañamiento de la Municipalidad de Monteros.
El documental busca poner nuevamente en circulación las ideas, los vínculos y las luchas que dieron sentido a la vida de los hermanos Arancibia. Recordar a Isauro implica recuperar al maestro, al dirigente sindical, al trabajador de la educación, al militante social y al tucumano que entendió la organización colectiva como una herramienta para transformar la realidad.
Una memoria que sigue enseñando
El legado de Isauro Arancibia continúa presente en instituciones educativas, organizaciones sindicales y espacios vinculados con la educación pública. Una de las expresiones más conocidas es el Centro Educativo Isauro Arancibia, destinado a jóvenes y adultos, además de escuelas y espacios que llevan su nombre.
Su historia también fue recuperada en distintas producciones culturales y educativas, entre ellas el libro La oruga sobre el pizarrón, del escritor e historiador tucumano Eduardo Rosenzvaig, presentado nuevamente en 2026 en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. (Ctera)
A cincuenta años de su asesinato, la historia de Isauro y Arturo Arancibia continúa interpelando al presente. El silencio que quedó se suma a ese ejercicio de memoria: recuperar sus voces, reconstruir sus historias y volver a preguntarnos por el valor de la educación, la organización colectiva, la democracia y la defensa de los derechos humanos.
Presentación de El silencio que quedó
Jueves 20 de agosto – 12 h
Casa de Tucumán – Suipacha 140. CABA.
Documental sobre Isauro y Arturo Arancibia.
Duración: 20 minutos.
Dirección: Marcelo Cristaldo Manzur.
Cámara: Luis Salum.


